Ciudadela Araceli (Sao Paulo), 26 de abril de 1998

En estos días se está realizando, en todo el mundo juvenil del Movimiento de los Focolares, la “Semana Mundo Unido”. Proponemos aquí el mensaje que Chiara Lubich les envió el 26 de abril de 1998.

Queridísimos Jóvenes por un Mundo Unido:

Sé que desean recibir un mensaje que contribuya también al buen éxito de la Semana Mundo Unido.

¿Qué tema deseo tratar?

No puedo elegir uno más apropiado que el objetivo de ustedes: el mundo unido.

Pero, ¿podemos hablar de mundo unido? ¿Es factible pensar en un mundo unido, de manera que la atención que le dedicamos y las fuerzas que empleamos para ello puedan cooperar realmente para alcanzar un día ese objetivo? ¿Acaso la nuestra es una utopía, irrealizable y fantástica, como alguien puede pensar?

Vivimos tiempos en los que no faltan los indicios de que el mundo se encamina hacia ese objetivo.

En primer lugar, la convicción de que la unidad es un signo de los tiempos. Y esto significa que las personas que poseen especiales cualidades y capacidades para escrutar los tiempos en los que vivimos afirman que el mundo se encamina hacia la unidad. 

Varias veces yo misma he hablado sobre esto, y quizás algunos lo recuerden, pero lo he hecho examinando sobre todo su aspecto religioso.

Pero esa tendencia a la unidad, en esta época, no se limita a este ámbito; se extiende también al político.

Además de la ONU, integrada por casi todos los Estados del mundo, existe en África, por ejemplo, la Organización de la Unidad Africana, o sea, una organización compuesta por casi todos los Países africanos.

En Asia existen varias asociaciones de Estados como: la Organización de la Conferencia Islámica, que comprende 53 Países musulmanes; la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, y otras.

En América recordamos la Organización de Estados Americanos (del Norte, Centro y Sudamérica), y el Sistema Económico Latinoamericano.

En Europa existe la Comunidad Económica Europea Central que además comprende los Países del Este y la Unión Europea.

Por otra parte, muchas personas de gran sabiduría y de diferentes culturas han expresado su pensamiento sobre este tema; y sería bueno conocerlo. Pero aquí, en Brasil, desde donde les dirijo este mensaje, no tengo la posibilidad de tenerlo a mano.

Encuentro solamente algunos pensamientos de los últimos Papas que, por ser personas santas, además de acreditadas, afirman cosas que pueden interesar a todo el mundo.

Tanto el Papa Pío XII, como Juan XXIII y Pablo VI expresaron ideas parecidas a esas.

Pablo VI, en la Populorum Progressio, dice: “… ¿Quién no ve la necesidad de llegar progresivamente a instaurar una autoridad mundial que pueda actuar eficazmente en el terreno jurídico y político?”.

El Papa actual, en nuestro Genfest 1990, se expresó así: “Realmente, parece que la prospectiva que emerge de los múltiples signos de los tiempos es la de un mundo unido. Es la gran expectativa de los hombres de hoy, la esperanza y, al mismo tiempo, el gran desafío del futuro. Percibimos que estamos procediendo hacia la unidad bajo el impulso de una excepcional aceleración”.

Queridísimos jóvenes:

Ustedes aspiran, ustedes trabajan por un mundo unido.

¿Y qué hacen? Actividades, que pueden parecer incluso pequeñas y desproporcionadas, aunque significativas, frente al objetivo que se han propuesto. Tal vez, cuando tengan unos años más, alguno de ustedes  podrá trabajar directamente en los distintos organismos orientados al mundo unido.

Pero pienso que, aunque todo eso será muy útil, no será ni eso ni aquello lo que contribuirá a realizarlo de manera decisiva.

Lo principal será ofrecer al mundo, en este proceso hacia la unidad que lo domina, un alma. Y esa alma es el amor. Deben desencadenar a su alrededor, en todos los Países donde viven, la revolución del amor.

Hoy no basta hacer beneficencia o prestar asistencia, aunque con ello damos por amor. Hoy es necesario “ser el amor”, o sea, sentir lo que el otro siente, ‘vivir el otro’ , ‘los otros’, y tender a la unidad según nuestra espiritualidad de fuego, ya encendida por acá y por allá, también gracias a ustedes, por todo el planeta.

Lo afirmaba también Juan Pablo II, aún en el Genfest 1990: “Sean conscientes - lo repito - que el camino hacia el mundo unido... se basa en la construcción de relaciones solidarias y la solidaridad tiene sus raíces en la caridad” (en el amor).

Por tanto, construir relaciones de unidad enraizadas en el amor.

Y deben vivir este amor antes que nada entre ustedes.

Y así, llegar a realizarlo con muchos, muchos, en todos los ambientes que frecuentan: entre la gente, por ejemplo, entre los que deciden el destino de los pueblos, en las instituciones, en las organizaciones pequeñas y grandes del mundo... en todas partes. Entonces sí que las intenciones de quienes las instituyeron alcanzarán el objetivo. Y se trabajará realmente por un mundo unido.

Coraje, entonces, Jóvenes por un Mundo Unido. Sigan el más fascinante y espléndido Ideal que pueda existir en la Tierra.

Y ¡no están solos!

Lo saben ustedes, que están orgullosos del nombre de cristianos, pues si viven así, Cristo está entre ustedes.

Lo saben ustedes, que tienen otra convicción o creencia religiosa, que la unión hace la fuerza.

Entonces, adelante: empiecen o sigan, con el entusiasmo que les caracteriza y con la determinación que no les falta.

Yo, todos nosotros, estamos con ustedes... hasta alcanzar la victoria final, cuando Dios quiera.

Pero ¿quién cosechará, si no hay quien siembra? Ésta es la tarea de ustedes, en este momento de la historia que, en el fondo, ya hace vislumbrar que no está lejos el objetivo por el cual viven.

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