Rieti, 4 de junio de 1996

La experiencia del Movimiento de los Focolares en el campo del diálogo interreligioso. Fragmento de la intervención de Chiara Lubich con motivo de la entrega del premio “Civilización del Amor”.  

Excelencias, señor alcalde, autoridades civiles y religiosas, señoras, señores y amigos. Les doy las gracias ante todo por el Premio que me ha sido otorgado.

Me ha gustado particularmente porque se titula a la "Civilización del Amor". Ésta es una palabra que enseguida hace sentir al Forum Internacional en sintonía con el Movimiento de los Focolares, que aquí junto a otros - como han dicho – estoy representando y es solamente un instrumento en la Iglesia para irradiar por doquier el amor de Cristo.

Aquí es muy familiar el diálogo y particularmente el diálogo interreligioso.

¿Una tarea imposible?

No, más bien es una obra ineludible y actual. 

Hoy, de hecho, el mundo, la humanidad está orientada  - y en parte sin saberlo - hacia un objetivo alto y necesario: la composición de todos en una sola familia, la realización de la fraternidad universal. 

No obstante las tensiones del mundo contemporáneo (entre Norte y Sur, por ejemplo) no obstante los conflictos en varias partes del Globo y el verificarse de fenómenos de racismo, de fundamentalismo y de otros males de nuestro tiempo, nuestro planeta parece tender hacia la unidad. 

Lo dice el Espíritu de Dios en el mundo cristiano, que empuja a la unificación de las Iglesias, después de siglos de indiferencia o de lucha; lo ha dicho en la Iglesia Católica el Concilio Vaticano II con su apertura al diálogo, no sólo entre las Iglesias, sino con las otras religiones y con los hombres de buena voluntad; lo dice el Consejo Ecuménico de las Iglesias y otros Organismos y Movimientos que surgieron con finalidad ecuménica; lo afirma la "Conferencia Mundial de las Religiones por la Paz" y otras instituciones finalizadas a una posible unión, tal vez para fines particulares, como la paz entre fieles de distintas religiones; lo han dicho incluso ideologías sociales, ya superadas, pero que trataban de resolver los problemas del mundo en manera global. 

Lo dicen entidades y organizaciones internacionales, europeas etc. 

Sí, el mundo tiende a la unidad. 

Y es esta tendencia la que nosotros, conscientes de ella, tenemos que hacer surgir con una fe renovada y con nuestra acción.  

Diálogo, por lo tanto, dialogar. 

¿Pero cómo?

Permítanme exponer alguna idea, fruto de nuestra experiencia, como conclusión de esta velada.

¿De qué manera realizar el diálogo para que no sea mal entendido en su recta intención y para que alcance el fin de poner a los hombres, al mayor número de personas, en actitud de comprensión recíproca, de ayuda mutua, de solidaridad; en actitud fraternal hacia cada prójimo, cualquiera que éste sea, de todo pueblo, cultura, raza, lengua?

 Ante todo, me parece que es necesario conocer. 

Está escrito: "Conocer la religión del otro significa entrar en la piel del otro, ver el mundo como el otro lo ve, penetrar en el sentido que tiene, para el otro, ser hindú, musulmán, hebreo, budista".1

Pero ¿"cómo entrar en la piel del otro"?

Esto lo puede hacer sólo el amor, pero el amor verdadero. 

Y ya sabemos lo que es el amor. Lo ha demostrado Jesús con su vida, que siendo Dios se hizo hombre. Y como hombre crucificado se hizo como cada uno de nosotros: pecado, para redimir a nosotros pecadores.

Amar significa, por lo tanto -lo han testimoniado las experiencias que acabamos de oír- "hacerse uno" con el otro.

Es lo que afirma el apóstol san Pablo que se hizo todo a todos, débil con los débiles, enfermo con los enfermos. (Cf. 1 Cor 9,22). Que “se hizo el otro”, los otros.

Con el amor hasta hacerse uno con el otro es como podemos comprenderlo. Y esto es esencial para el diálogo. 

Haciéndose uno con el otro, éste se abre, se revela, se manifiesta, se explica y dona algo de su ser hebreo, o musulmán, o budista, o cristiano. Hace brillar en nuestra alma algo de sus inmensas e inesperadas riquezas. 

Pero el diálogo es un don recíproco y también nosotros cristianos debemos saber donar, en el momento oportuno (es decir cuando nos lo piden), algo sobre nuestra fe.

Pero... ¡Hay una condición!

Nuestra experiencia nos dice que el testimonio incluso de nuestra fe se comprende plenamente sólo si se basa sobre el testimonio de la vida.

Jesús comenzó haciendo y luego enseñó. 

También nosotros: no podemos anunciar el Evangelio si no somos, de alguna manera, Evangelio vivo.

Y el concepto, la palabra que resume el Evangelio es aquella que Jesús dice en su testamento: "Que sean una cosa sola" (Cf. Jn 17,11). Por lo tanto, la palabra "unidad", que según el Papa Pablo VI, es la síntesis del Evangelio.

Por lo tanto, para ser verdaderos cristianos debemos "ser uno" entre nosotros.

Y "uno" por el amor recíproco.

Entonces: de esto, y sólo de esto, reconocerán que somos discípulos de Cristo y comprenderán sus palabras. 

Me decía recientemente un monje budista: “Nosotros no comprendemos el cristianismo porque lo leemos en los libros. Aquí (estaba en Loppiano, la ciudadela de los Focolares donde se trata de vivir el Evangelio) lo he comprendido”. Ha comprendido que Dios existe, que la religión es amor, que el Crucificado, tan detestado por los budistas, es solo expresión de amor. 

Con el testimonio de la vida el diálogo despega y después vuela.

¿Por qué? Amando, nosotros tenemos más fácilmente la luz del Espíritu. Y éste nos guía para saber apreciar en la religión de los demás las verdades que existen.

Porque Dios se ha escogido un pueblo en los tiempos antiguos, pero no se ha olvidado de los demás pueblos y ha sembrado en ellos algunas verdades.

Casi todas las religiones, por ejemplo, conocen - la hemos mencionado ya dos veces- la  denominada "regla de oro": "Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo ustedes por ellos"(Cf. Mt 7,12).

Así, en muchas religiones se tiene en consideración el seguir la voluntad de un Ser superior.

Además, muchos de los mandamientos de la Ley están presentes en las otras religiones: no matar, no robar, no decir falsedad, no dejarse tomar por la codicia...

Hay muchas cosas que podemos vivir, y vivir juntos, para dar relieve, fuerza y vigor a las verdades y a las leyes morales.

Y viviendo juntos verdades, mandamientos comunes, y comunicándonos con el diálogo las experiencias de esta vida, es como se consolida cada vez más la amistad entre nosotros. Y con ella, propósitos y actos de solidaridad, de paz, de justicia hacia nosotros mismos y hacia los demás. 

Además nosotros, hebreos, cristianos y musulmanes tenemos en común nada menos que la fe en el mismo y único Dios. Y aunque con matices distintos, lo sentimos nuestro Padre.

Por lo tanto es un deber para nosotros hacer de todo para comportarnos como hijos suyos y como hermanos entre nosotros.

Gracias nuevamente a Usted, Excelencia, y a todos los organizadores de este Forum Internacional por este momento transcurrido con ustedes.

Teniendo muy claro que trabajamos, cada uno en nuestro campo, para fines comunes, les pido que acepten mis oraciones y las del Movimiento de los Focolares por el progreso de la "Civilización del Amor", así como pido las de ustedes por nuestro Movimiento.

F. WHALING, Christian Theology and World Religions: A Global Approach, London 1986, pág.130-131.

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