Génova, 16 de diciembre de 2001

¿Cómo aprender a amar a Jesús Abandonado enseguida y con alegría cuando nos asalta el dolor? Chiara Lubich habla de ello durante un encuentro con una comunidad de los Focolares en el Norte de Italia.

(…) "A veces, en mi vida logro amar a Jesús Abandonado enseguida y con alegría. Lo veo, lo amo y logro ir más allá de la cruz. Pero otras veces lo veo, pero permanezco delante de la cruz sin superarla. Sé que es Él, pero no amo verdaderamente a Jesús Abandonado, porque permanezco en el dolor. Chiara, ¿qué me dirías para ayudarme  a superar estos momentos?"

Chiara: Mira, ante todo querría decirte una cosa que quizás no todos saben. Querría explicar bien esta historia, es decir, que nosotros vemos en el dolor a Jesús Abandonado. Ustedes pueden decir: "Pero oye, Chiara, ¡aquello es un dolor, no es Jesús Abandonado!"
Yo me acuerdo siempre de santa Teresita del Niño Jesús, a la que se le presentó, antes de morir o un poco antes, un vómito de sangre por la tuberculosis que tenía, y ella no dijo: éste es un vómito de sangre; dijo: he aquí el Esposo; ella era una virgen, se había desposado con Jesús crucificado. Y dijo: he aquí el Esposo. Entonces, santa Teresita ¿dijo una fantasía? ¿dijo una cosa sentimental? ¿O dijo la verdad? 

Cada cosa podemos verla desde el lado humano y desde el lado sobrenatural. Sucedió así: que Jesús, cuando vino a esta Tierra, asumió la naturaleza humana, se hizo hombre; Él sí que se hizo uno, se hizo uno y se hizo hombre. Pero no se hizo solamente hombre; como dicen los Padres de la Iglesia, asumió, junto a la humanidad, todas nuestras debilidades, todos nuestros defectos, todos nuestros fracasos, todos nuestros pecados, para redimirlos; asumió todo esto. Por eso dice Pablo que se hizo pecado, porque lo tenía encima, no dentro, no era pecador, se hizo pecado; se hizo excomunión, no excomulgado, tomó y asumió con la naturaleza humana todos nuestros límites. Por tanto, cuando a nosotros nos sucede una desgracia podemos decir, por poner un ejemplo, te reprueban un examen y tú dices: humanamente sí, me ha ido mal en el examen, como santa Teresita podía decir humanamente: humanamente es un vómito de sangre. Pero sobrenaturalmente aquel reprobado está ya en Jesús que lo asumió, está en Él porque lo asumió cuando vino a esta Tierra, y entonces tú, detrás de aquel reprobado lo ves a Él, ves su rostro, como decimos nosotros. Es una verdad, como para santa Teresita: he aquí el Esposo. Y también tú debes decir: he aquí el Esposo.

Naturalmente si es el Esposo que debe ser para todos nosotros: focolarinos, voluntarios, el Esposo de nuestra alma es Jesús Abandonado, no es que ahora podemos echarlo, tenemos que abrazarlo; entonces lo abrazamos, tratamos de abrazarlo. Tú misma comprendes que a veces en eso te equivocas, porque no haces este acto de amor. Porque a Jesús Abandonado no es que hay que acogerlo sólo en el dolor; el verdadero Jesús Abandonado entero es Jesús Abandonado que sufre: "¿Dio mío, por qué...?", casi que, dicen los teólogos, parece casi que la Trinidad se resquebraje, no es verdad, pero Él, como hombre experimenta esta sensación. Pero enseguida después dice, aunque se siente abandonado por el Padre, por tanto una tragedia infinita, Él dice, ésta es su fuerza inmensa: "En tus manos, Padre, encomiendo..., me abandono en ti, aunque tú me hayas abandonado." Él se resuelve.

También nosotros cuando está Jesús Abandonado, cuando tenemos un dolor, debemos decir: bien, eres Tú, eres el Esposo de  mi alma. Ya sea que… estén casados o no también en esta Tierra, es lo mismo, el alma es otra cosa, y tú dices: "Te quiero, te amo, te abrazo". Y hacer como Él: en tus manos... Darle la vuelta a la cosa. Y luego – hay que estar atentos a esto – vivir el momento presente después con todo el corazón. Y si tú lo vives, ¿qué sucede? Que te viene la paz dentro, viene la alegría dentro, y aquel peso del dolor ya no está, ya no está. ¿Por qué ya no está? Porque en el lugar de Jesús Abandonado que vivía en ti, ha florecido el Resucitado, y el Resucitado es su Espíritu que emana sus dones, por lo cual sientes dentro de ti: alegría, paz, fuerza, todo..., todo lo de antes en cambio ha desaparecido...

Por lo tanto, mi consejo es: abrázalo bien, vive el momento presente después y ve adelante. Si nosotros hemos llegado al mundo entero lo debemos a esto, porque quizás recomenzando, quizás recomenzando, hemos hecho de cada obstáculo un trampolín de lanzamiento. Existía el obstáculo de un dolor, y en vez de estar allí escapando de él, hemos tratado, quizás equivocándonos mil veces, pero aquella vez hemos tratado de afrontarlo y, justamente de hacer del obstáculo, un trampolín... Y entonces: salto, salto, salto, salto, se llega al fin del mundo. 

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