Mollens, 26 de marzo de 1987

Chiara, en las habituales conexiones telefónicas mensuales  con todos los miembros del   Movimiento,  traza, con un estilo siempre nuevo y envolvente, ‘el punto’ sobre el cual se basa “nuestro camino de santidad”: la fe en el amor de Dios, un Dios-Padre que nos quiere felices. Y fotografía con arte todos los estados de ánimo, las preocupaciones que pueden disminuir nuestra confianza de hijos en relación al Padre.

Queridísimos:

Espero que en estos últimos quince días, nos hayamos esforzado todos en hacer la voluntad de Dios también en las situaciones más difíciles. Espero, por tanto, que hayamos realizado algún acto generoso y magnánimo para ser ofrecido a Dios.

Como sabéis, de hecho, para llegar a alcanzar la santidad no es suficiente vivir las virtudes de cualquier manera, sino que se requiere que se practiquen de forma sublime, heroica.

Ahora bien, un modo de hacer la voluntad de Dios en los momentos difíciles es éste del que voy a hablaros hoy.

Vosotros sabéis que nuestra espiritualidad - que es además nuestro camino de santidad – se basa en un punto del que nació toda ella: la fe en el amor de Dios, el tener conciencia de que no estamos solos, de que no somos huérfanos porque tenemos un Padre, por encima de nosotros, que nos ama.

Uno de los momentos en los que podemos aplicar esta fe, es cuando algún pensamiento nos preocupa y nos hace perder la paz. A veces, se trata de temor del futuro, una preocupación por la salud; o cuando nos hallamos alarmados por supuestos peligros o angustiados por nuestros familiares; o cuando estamos preocupados ante un determinado trabajo, o tenemos dudas sobre cómo comportarnos ante una situación, o nos llevamos un susto a causa de noticias negativas, o experimentaros temores de todo tipo...

Pues bien, en estos momentos, precisamente en estos momentos de incertidumbre, Dios quiere que nosotros creamos en su amor y nos pide un acto de confianza. Si somos verdaderamente cristianos, quiere que aprovechemos estas penosas circunstancias para demostrarle que creemos en su amor. Esto significa tener fe en que Él es nuestro Padre y piensa en nosotros. Poner en sus manos cada una de nuestras preocupaciones. Ponerlas en Él.

Dice la Escritura: "Descarguen en Él todas sus inquietudes, ya que él se ocupa de ustedes." (1 P 5, 7). Prácticamente – así se afirma en un comentario – igual que se carga un peso sobre una bestia de carga, así los cristianos deben poner sus preocupaciones en manos del Padre celestial.

El hecho es que Dios es Padre y quiere la felicidad de sus hijos. Por eso toma sobre sí sus cargas.

Además, Dios es Amor  y quiere que sus hijos sean amor.

Ahora bien, todas estas preocupaciones, ansiedades y miedos, bloquean nuestra alma, hacen que se encierre en sí misma e impiden que ésta se abra a Dios haciendo su voluntad y al prójimo haciéndose uno con él, para amarlo como se debe.

En los primeros tiempos del Movimiento, cuando la pedagogía del Espíritu Santo nos hacía dar los primeros pasos en el camino del, el "poner en manos del Padre todas las preocupaciones" era algo de todos los días, y que repetíamos con frecuencia durante el día.

Salíamos de un modo de vivir puramente humano – aun siendo cristianos - para entrar en un modo de vivir sobrenatural, divino; es decir, empezábamos a amar.

Las preocupaciones son obstáculo para el amor. El Espíritu Santo, por tanto, tenía que enseñarnos el modo de eliminarlas.

Y así lo hizo. Recuerdo que decíamos que así como no se puede tener una brasa en la mano sino que se suelta enseguida porque de lo contrario nos quema, así, con la misma premura, debíamos poner en las manos del Padre toda preocupación. Y no recuerdo preocupación alguna puesta en el corazón del Padre de la que Él no se haya ocupado. 

Queridísimos, no siempre es fácil creer y creer en el amor de Dios.

Pero nosotros tenemos que esforzarnos en hacerlo en todos los casos, incluso en los más complicados. Asistiremos, también ahora, a la intervención de Dios una vez tras otra. Él no nos abandonará, sino que cuidará de nosotros.

Sé que muchos de nosotros se encuentran en situaciones difíciles. Es sobre todo para ellos este pensamiento de la Conexión. ¡Pero es también para todos! ¡Cuántas circunstancias debe afrontar cada uno en la vida!

¡Cuánta necesidad tenemos de que Alguien piense en ellas!

Pongamos en sus manos toda preocupación. Seremos libres para amar. Correremos mejor por el camino del amor que – como sabemos – conduce a la santidad.

Chiara Lubich

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