noviembre 1986

Rocca di Papa 27 de noviembre de 1986

En esta audio-conferencia, la “conexión telefónica” que desde 1980 reúne periódicamente a la familia del Movimiento de los Focolares en el mundo, la invitación a prepararnos a la Navidad caminando juntos por la sencilla y evangélica vía del amor.  

Queridísimos:

Estamos siempre “en viaje” para llegar a la meta que, esperamos – si Dios nos ayuda – sea coronada con la santidad. Ya muchos de los que emprendieron este camino han llegado y, – por lo que hemos podido saber – con éxito. Nos llegan noticias casi todas las semanas y muy a menudo son, realmente, para dar gracias a Dios.

Pero la mayoría, – que somos nosotros – todavía estamos aquí en esta Tierra alentándonos recíprocamente: nuestra Conexión tiene precisamente esta finalidad.

Para poder hacer de la vida un “Santo Viaje”, y poder llegar a la conclusión que deseamos, La Imitación de Cristo, – libro de piedad y de meditación muy rico de espiritualidad – dice que es necesario tener algunas cualidades que exigen gran empeño: el completo desprecio del mundo, el deseo ardiente de progresar en la virtud, el amor al sacrificio, el fervor en la penitencia, la renuncia a sí mismos y el saber soportar todas las adversidades.

Son cualidades que necesitamos tener también todos nosotros. Pero debemos preguntarnos: ¿De qué manera podemos adquirirlas siguiendo nuestra espiritualidad?

La respuesta es clara y segura: Dios a nosotros no nos llama a realizar todo esto a través de una vida monástica y fuera del mundo. Nosotros estamos llamados a permanecer en medio del mundo y  a llegar a Dios a través del hermano, es decir, a través del amor al prójimo y el amor recíproco.

Si nos esforzamos por seguir este original y evangélico camino, descubriremos que, como por encanto, nuestra alma se habrá enriquecido con todas esas virtudes.

Es necesario tener el desprecio del mundo.

No hay mejor desprecio de una cosa que el olvido de ella, la indiferencia, el despreocuparse de ella.

Si nosotros estamos volcados a amar a los demás, no nos ocupamos del mundo, lo olvidamos, por tanto lo despreciamos, aunque ello no nos dispensa del hacer nuestra parte para alejar de nosotros sus tentaciones cuando éstas quieran invadirnos.

Es necesario progresar en la virtud, pero ello se logra con el amor. ¿No dice la Escritura: «Corro por el camino de tus mandamientos, pues tú mi corazón dilatas con  el amor?» (Sal 119, 32).

Si amando al prójimo se corre en el cumplimiento de los mandatos de Dios, quiere decir que se progresa.

Es necesario el amor al sacrificio. Amar a los demás significa precisamente sacrificarse para dedicarse al hermano. El amor cristiano es sinónimo de sacrificio, aunque comporta gran alegría.

Es necesario el fervor de la penitencia. Es en una vida por amor donde encontraremos la mejor y principal penitencia.

Es necesaria la renuncia a sí mismos. En el amor hacia los demás está implícita siempre una renuncia a sí mismos.

Es necesario, en fin, saber soportar todas las adversidades. ¿La convivencia con los demás no es acaso la causa de muchos dolores en el mundo? Debemos saber soportar a todos y amarlos por amor a Jesús Abandonado. Y así superaremos muchos obstáculos en la vida.

Sí, en el amar al prójimo encontramos un modo excelente para hacer de la vida un «Santo Viaje».

Comprometámonos a vivir nuestro amor de modo totalitario, radical, sufrido, consumando por él todas nuestras fuerzas. Propongámonos que este amor sea tan concreto – como un verdadero servicio – que examinándonos, podamos decir: sí, por eso, por el amor he olvidado el mundo, he progresado en las otras virtudes, me he sacrificado, he hecho penitencia, he renunciado a mi yo.

Y entonces ¡Adelante! En estos próximos días sigamos poniendo en el centro de nuestra vida el amor al hermano y el amor recíproco.

Será el mejor modo de prepararnos para el Adviento, el periodo del año en el cual esperamos la venida del Señor. Por este amor Jesús volverá a nacer en nosotros y entre nosotros y ¿qué mejor modo para prepararnos a la Navidad?

Chiara Lubich

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