noviembre 2009

Es de gran sabiduría emplear el tiempo que tenemos viviendo perfectamente la voluntad de Dios en el momento presente.
Sin embargo, a veces nos invaden pensamientos tan agobiantes, respecto al pasado o al futuro, o también al presente, y que tienen que ver con lugares, o circunstancias, o personas, a los que no podemos dedicarnos directamente; que cuesta un grandísimo esfuerzo manejar el timón de la barca de nuestra vida manteniendo el rumbo hacia lo que Dios quiere de nosotros en ese momento presente.

Entonces, para vivir bien, con perfección, es necesaria una voluntad, una decisión, pero sobre todo una confianza en Dios que puede llegar hasta el heroísmo.
«Yo no puedo hacer nada en este caso, por esa persona querida, en peligro o enferma, por esa circunstancia intrincada…
Pues bien, haré lo que Dios quiere de mí en este momento: estudiar bien, barrer bien, rezar bien, atender bien de mis niños… Y Dios pensará en desenredar esa madeja, en consolar a quien sufre, en resolver ese imprevisto».

Es un trabajo entre dos, en perfecta comunión, que exige de nosotros una fe grande en el amor de Dios por sus hijos y le da al mismo Dios, por nuestro modo de actuar, la posibilidad de tener confianza en nosotros.
Esta confianza recíproca produce milagros.
Se verá que, donde no hemos llegado nosotros, ha llegado verdaderamente Otro que ha actuado inmensamente mejor que nosotros.
El acto heroico de confianza será premiado; nuestra vida, limitada a un solo campo, adquirirá una dimensión nueva; nos sentiremos en contacto con lo infinito, que anhelamos, y la fe, cobrando nuevo vigor, reforzará en nosotros la caridad, el amor.
Nos olvidaremos completamente de lo que significa la soledad. Resultará más evidente porque se ha experimentado, la realidad de que somos verdaderamente hijos de un Dios Padre que todo lo puede.

Chiara Lubich

Transcription

Publicado en «El tiempo queda», Editorial Ciudad Nueva, Madrid 2000, pag. 36-38
(Ogni momento è un dono, Editrice Città Nuova – Roma 2010)