junio 2004

Londres, 22 de junio del 2004

Señor Presidente de la Cámara, Distinguidos parlamentarios, señores representantes del gobierno, señoras y señores:

Para mí es un verdadero honor y una alegría poder dirigirme aquí en Londres a una asamblea tan calificada. Agradezco a todos por su presencia, mientras me atrevo a esperar que esta intervención mía sea un momento de serena pausa en vuestro trabajo tan comprometida.
Hoy quisiera ofrecerles lo que ha nacido durante estos años, incluso en el ámbito político, el don – un carisma – que yo misma recibí hace muchos años y que ha fructificado en todas las latitudes del mundo, entre personas de cultura, creencias y proveniencias sociales diversas, una experiencia y una cultura fundadas en la unidad, exigencia profunda de la historia de la humanidad…

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