diciembre 1984

Rocca di Papa, 20 de diciembre de 1984

Nesta conferência telefônica, à luz de escritos de Santo Agostinho e de São Jerônimo, Chiara Lubich evidencia o significado e o valor da caridade. 

Queridísimos:

(…) Nosotros estamos llamados, ante todo, a ofrecer al mundo un espectáculo de caridad perfecta, de esa caridad que es amor hacia Dios y encuentra su verificación en el amor hacia el prójimo.
También en la Conexión precedente hablamos de la caridad y esto impresionó a muchos de nosotros, cuando comprendimos que amar al prójimo no significa estar dispuestos a morir por él, sino morir realmente, no ser nosotros mismos, para ser el otro, para vivir los otros.

Y la impresión ha sido tan fuerte y tan saludable que he dudado si era el caso o no de proponer hoy un nuevo pensamiento para nuestro camino. Lo he dudado, pero luego me he convencido de que es bueno que nos detengamos en ello, para asimilar aún mejor ese concepto e intentar y reintentar ponerlo en práctica.
Entonces, en esta Conexión, para que nuestra decisión de morir completamente a nosotros mismos frente a cada prójimo adquiera nuevo vigor, quiero ver con ustedes, junto a dos grandes santos que han concluido con éxito el Santo Viaje: san Agustín y san Jerónimo, la importancia de la caridad.
Son ideas, las de ellos, que han impresionado mi alma y así, espero, las de ustedes.
Agustín, maestro di caridad, aclara: «Si todos se hicieran la señal de la cruz, respondieran amén y cantaran el aleluya; si todos recibieran el bautismo y entrasen en las iglesias, si hicieran construir los muros de las basílicas, queda el hecho que, solamente la caridad es la que hace que se distingan los hijos de Dios de los hijos de Satanás. Los que poseen la caridad han nacido de Dios, los que no la poseen no han nacido de Dios. Éste es el  gran criterio de discernimiento. Si tú tuvieses todo, pero te faltara esta única cosa, de nada te serviría lo que tienes; si no tienes las otras cosas, pero posees ésta, tú has cumplido la ley…»1.
Y Jerónimo escribe: «Te pregunto: ¿Tú tienes la percepción del paso de la infancia a la niñez, a la juventud, a la madurez y a la ancianidad? Cada día morimos un poco, cada día sufrimos transformaciones y, a pesar de eso, vivimos con la ilusión de ser eternos. Estas mismas cosas que estoy dictando, que se escriben y luego vuelvo a leerlas y las corrijo, son todo momentos menos que me quedan por vivir. Cada punto que el secretario señala en la página, es un punto quitado a la curva de mi vida. […] La única verdadera ganancia que queda es nuestra unidad en el amor de Cristo»2.
Queridísimos ¿han escuchado?
La caridad, para nosotros los cristianos es lo que cuenta, como Agustín afirma; es lo que permanece, como dice Jerónimo.
¿Qué debemos deducir?
Cuando, durante el día, sentimos que nuestro corazón da peso a un particular o a otro: a aparentar, a quedar bien, a un afecto, a un apego, a juicios, pensamientos, sentimientos, personas, a nosotros mismos… habituémonos a descartar, a eliminar cualquier cosa diciendo en nuestro corazón: «Esto no vale, eso otro no vale», de manera que no nos llenemos de vanidades.
Cuando, en cambio, encontramos la ocasión para poner en práctica la caridad, digamos en nuestra intimidad: «Esto tiene valor, esto cuenta, esto permanece». (…)

San Agustín, Commento alla Prima Lettera di S. Giovanni, 5, 7, en: Teologia dei Padri, III, Roma 1982, p. 250.

 2 San Jerónimo, Le lettere, II, Roma 1964, p. 135.

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