octubre 2005

Castel Gandolfo, 3 de octubre de 2005

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Leamos primero algunos fragmentos de una larga carta a Duccia Calderari. Con mucha probabilidad se remonta al Adviento del ’44. En ella aparece lampante la diferencia que existe entre el dolor del abandono y los otros dolores experimentados por Jesús en su pasión. Hay una clara comprensión de la particularidad de este supremo dolor y de cómo, con él, Jesús ha hecho el don de su divinidad a los hombres.
Como consecuencia, como en otras cartas de este periodo, surge la decidida propuesta de seguirlo y de amarlo en este que es su mayor dolor y que en seguida nos aparece como la expresión de su mayor amor. En la carta es clara la conciencia de la novedad de la luz recibida con el carisma y la fuerza del amor por Jesús abandonado que ardía en nuestros corazones y que su inmensurable amor había encendido en nosotros.
Después de una atenta descripción de la divina pasión que santa Catalina de Siena tenía por Jesús crucificado, la carta sigue:

Créelo, Duccia: el Amor es la salvación del siglo XX, porque el Amor es Dios. Todas las insidias más o menos profanas, o son una pérdida de tiempo o sirven de sustrato a los Designios de Dios….

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