mayo 2009

Roma, 13 de junio de 1998

Chiara traza el camino hacia la fraternidad universal, sin esconder las dificultades. Un texto impregnado de la alegría que viene del amar. En sus numerosos encuentros con los amigos musulmanes del Movimiento de los Focolares, Chiara Lubich sostuvo momentos de un diálogo profundo y sincero. Se ofrecen aquí, conservando la espontaneidad del lenguaje hablado, algunas de las respuestas que dio a preguntas formuladas por ellos.

Quisiéramos preguntarte, Chiara, ¿cómo te has sentido al relacionarte con fieles de otras religiones ?

¡Me he sentido siempre muy a gusto! Porque aunque nuestras religiones sean diferentes, tenemos mucho en común y esto nos une; en cambio, la diversidad nos atrae, despierta nuestra curiosidad. Por lo cual, estoy contenta por dos razones: porque conozco otras cosas, entro en la cultura del otro, pero también porque encuentro hermanos iguales en cuanto creemos en muchas cosas semejantes.
La más importante es la famosa «regla de oro»: «No hagas a los demás lo que no quieres que otros te hagan». Esta frase está presente en los libros sagrados de todas las religiones más importantes. Para los cristianos está también en el Evangelio.
Quiere decir: trata bien a tus hermanos, ten mucha estima de tus hermanos, ama a tus hermanos. Entonces, cuando ellos descubren esta frase en su propia Escritura y yo en la mía, yo amo, ellos aman, el resultado es que nos amamos y ésta es la base para empezar a vivir la fraternidad universal. (…)

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